Fantasías sexuales

Sin miedo

En el imaginario de la sociedad existen una serie de prejuicios que alcanzan varias facetas de nuestra vida cotidiana, incluyendo la práctica sexual.

Algunos actos sexuales son considerados “inmorales o perversos”, e inclusive dentro de cada sociedad esta valoración cambia.

El fantasma del prejuicio impone restricciones en la vida sexual, allí donde la única regla debiera ser el mutuo acuerdo y el respecto entre los integrantes de la misma, pero ¿Cómo hacer para saltar estas barreras y expresarle al otro esos deseos ocultos, que nos avergüenzan o que creemos que pueden ser mal interpretados? ¿Cuál es el camino para poder compartir en el ámbito de la pareja nuestras fantasías?

Las consultas relacionadas con deseos sexuales son muy habituales. Uno pide algo que el otro no está dispuesto a explorar porque no le resulta interesante, le da miedo o no desea llevar a cabo: una conducta, juego o fantasía.

Esto puede ser motivo de conflictos. No se debe hacer nada que uno no esté seguro/a de querer hacer. Aunque quizás nos estemos cerrando a nuevas experiencias y placeres por miedo. Es interesante probar cosas nuevas con la pareja, siempre y cuando, esas novedades se produzcan en un marco de contención y cuidado, evitando la brusquedad o la fuerza para prevenir daños o dolor, físico o emocional.

Este es un tema de comunicación en la pareja: ponerse de acuerdo en aquellas cosas que ambos estén dispuestos a probar y pedir al otro, todo lo que uno necesita para sentirse seguro y satisfecho. Cualquier cosa que se haga debe ser de mutuo consentimiento.

Fantasías sexuales o las propias necesidades

Nuestras necesidades se originan a partir de aprendizajes que tuvimos en diferentes momentos de la vida, ya que cada integrante de la pareja trae consigo una historia, experiencias que hacen que sea quien es hoy.

La sexualidad es el espacio en el cual se manifiesta, con más crudeza y verdad, quiénes somos. En la cama, actuamos como lo hacemos en la vida cotidiana. Pero se nota más. Podemos coincidir con quien nos resulte compatible o, por el contrario, encontrarnos con alguien con necesidades y deseos muy distintos a los propios.

Uno + uno

Ambos miembros de la pareja deben querer algo en común para que ésta funcione. Una relación estimulada y arrastrada sólo por uno de los dos está prácticamente destinada al fracaso o, al menos, a una gran frustración.

A menos que la otra persona quiera algo en una relación, es muy poco probable que se pueda hacer algo para cambiar esto. Pero es posible comunicarse para comprender qué hay debajo de los sentimientos de ambos. Sólo con las propias ganas (sin las del otro), es difícil un vínculo satisfactorio para los dos.

Diferencia entre lo que es y lo que me gustaría que fuera en fantasías sexuales

El sufrimiento se produce por la diferencia entre lo que esperamos y lo que ocurre en la realidad.

El amor, entre otras cosas, se trata de aceptar sin forzar. De expresar necesidades (desde la verdad más profunda) y de escuchar con atención, sin juicios ni prejuicios, lo que el otro trae.

La intimidad puede realmente producirse cuando ambas personas pueden expresarse con confianza y libertad, sabiendo que el otro no hará nada dañino con esa información.

En las relaciones de pareja muchas veces estamos enamorados o amamos o pensamos que creemos amar, no a la persona con quien estamos, sino á la imagen de quien creemos que tenemos enfrente. Que no es la imagen perfecta del amante que yo quiero.

El sexo que nos contaron

Traemos, de experiencias y aprendizajes que tuvimos, creencias, condicionamientos, fantasías, deseos, miedos que nos impulsan a, o nos impiden, actuar de una determinada manera. ¿De qué forma estas actitudes enriquecen o empobrecen la relación? Hoy somos, como seres sexuales, el reflejo de los mensajes que recibimos de nuestros padres.

Aquellas que involucran áreas del cuerpo poco exploradas (sexo oral, sexo anal, usar los dedos o la lengua).

Las que incluyen a otras personas (tríos, intercambio de parejas, personas del mismo sexo).

Juegos o conductas consideradas “extrañas” por uno de los dos (juguetes sexuales, fantasías de rol, masturbación, juegos de dominación).

Situaciones distintas a los habituales (en lugares públicos, utilizar lubricantes Íntimos, hablar explícitamente de sexo, etcétera).

Parafilias o conductas sexuales que requieren situaciones especificas para la excitación sexual (ropa determinada, ver una parte determinada del cuerpo del otro.).

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